Cuando seas capaz de caminar sin mirar atrás, cuando los comentarios no te afecten, cuando te levantes y sepas que ya nada va a ir mal. Cuando el miedo sea parte del pasado, cuando no necesites hacerte la dura, cuando te mires al espejo y digas: “Esta soy yo sin trampa ni cartón”, cuando los problemas sean pasajeros y fáciles de arreglar, cuando sepas de sobra en quien confiar, cuando los pequeños detalles sí te importen, cuando el tiempo pase y no te importe, cuando no temas decir lo que sientes ante nadie. Cuando eres capaz de desobedecer órdenes y de imponerte tus propias leyes.
Cuando sepas quien eres y estés contenta contigo misma, entonces sí, puede que seas feliz.

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